El pan pertenece al grupo de los cereales, la tipología alimenticia más completa, asequible e indispensable de la pirámide nutricional.

El pan proporciona al organismo parte de la energía que necesita.

Incluir pan en cada comida es una buena forma de cubrir las cinco o seis raciones diarias de hidratos de carbono recomendadas por los especialistas.

El pan contiene muy poca grasa (1 g por cada 100 g de pan).

Con efecto saciante, contribuye a la regulación de las funciones intestinales del organismo por su contenido en fibra, sobre todo el pan integral.

La ingesta de fibra es directamente proporcional a una prevalencia menor de enfermedades como la diabetes o el colesterol.

Los especialistas recomiendan 100 g de pan al día incluso a personas sometidas a dietas de adelgazamiento.

El pan aporta vitaminas hidrosolubles del grupo B, que nos ayudan a transformar los alimentos en energía, mantener sanos cabello, piel y uñas, formar glóbulos rojos y anticuerpos y cuidar de nuestro sistema nervioso y circulatorio.

El pan contiene numerosos minerales -como calcio, fósforo, magnesio y potasio- fundamentales para nuestro organismo.

Su consumo es básico para niños y adolescentes por la gran actividad física que desarrollan, así como para personas mayores, pues es fácil de masticar y digerir.